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Artículo. Modelos de juego y la variedad Parte II.

Nuestro colaborador Juan Rojo (@jrojodeporte), Licenciado en Ciencias del Deporte y Entrenador de Fútbol, nos envía la segunda parte de un artículo publicado hace unas semanas llamado «Modelos de Juego y la Variedad», en la que sigue profundizando en el modelo de juego y los elementos a tener en cuenta entre la teoría y la práctica.

MODELOS DE JUEGO Y LA VARIEDAD. PARTE II

En el anterior artículo referido a este asunto, surgía la idea de variar el modelo de juego como si fuese dicha variedad el patrón a seguir o bien, dentro del modelo de juego existiera la posibilidad de existir variedad en los planes a ejecutar.

Bien, la teoría y la realidad del juego nos llevan a pensar que debemos decantarnos por un modelo de juego debido a que en el fútbol, por su naturaleza (ser un deporte complejo y abierta en cuanto al juego), resulta muy difícil establecer pautas cambiantes cada evento (partido). La creación de un lenguaje común (dentro de la lógica interna, el uso de códigos de juego verbalizados o no, es decir, la comunicación) y el desarrollo de una tendencia en conductas de interacción hacen posible la ejecución de un plan estratégico propuesto por el entrenador y su equipo técnico.

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La teoría nos dice que el juego está sometido a elementos que condicionan la toma de decisión del jugador, muchas de ellas CONTEXTUALES (marcador, clima, localización del partido, estado de fatiga,…) y otras evidentemente marcados por la oposición. Un autor de reconocido prestigio como Julio Garganta, fomenta el uso de un modelo de enseñanza–aprendizaje sistémico basado en la lectura de juego a partir de una variedad de acciones realizadas por los oponentes pero bajo la auto-organización del equipo. Esto quiere decir, ¡¡claro que debe de existir variedad en los entrenamientos!!!. Tienes que conocer tu propio sistema pero conocer cómo se regulan los otros para tratar de hacerles daño , entonces por qué si no estudiamos a un rival. No obstante, lo que se descarta realizar en la mayoría de situaciones es prescindir del patrón de juego marcado previamente, al menos, en el menor número de veces posible.

Muchos equipos están incorporando acciones colectivas para contrarrestar con su modelo propio de juego, situaciones que implican una situación NOVEDOSA. Para el rival y estos a partir de ahí deben reaccionar y encontrar soluciones. Pero evidentemente es en este momento en el que el juego descubre cuánto hemos enseñado / entrenado al jugador, que recursos tiene, que acerbo motor lo adorna, al INDIVIDUO, la interacción entre los compañeros, los acuerdos y el entrenamiento del equipo como ente capaz de leer el juego en última instancia.

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Es importante, por ende, conocer cuánto saben los jugadores del modelo de juego, cuánto conocen los jugadores de manera individual, qué soluciones podemos implementar en cada situación y, por supuesto, su capacidad de lectura de juego. De no conocer esto, solo intuimos de manera descriptiva sus acciones en el terreno de juego en el que flotan con sus debilidades y fortalezas. Al menos, debido a los avances tecnológicos obtenemos día a día información de conductas en los partidos y entrenos que nos marcan la tendencia de cómo estos se comportan .

En el fútbol por tanto, después de un periodo de indefinición en tiempos anteriores, los equipos marcan un estilo definido pero entramos en una época donde vamos al siguiente paso: ser imprevisibles, evitar la localización de debilidades y promover las acciones que lleven a aprovecharnos como equipo de las debilidades del oponente por medio de la creación de incertidumbre.

Los entrenos tendrán la presencia de tareas en las que aparezcan acuerdos particulares entre jugadores ante una situación de juego real, favorecer la sorpresa en el desarrollo de juegos y practicar de forma deliberadas situaciones ante situaciones contextuales adversas y diversas.

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Artículo. Modelos de juego y la variedad.

En el artículo de hoy, Juan Rojo (@jrojodeporte), Licenciado en Ciencias del Deporte y entrenador de fútbol, ahonda un poco más en el modelo de juego dentro de las situaciones de partido que llevan a tomar la reflexión de lo que realmente hay que entrenar con el jugador que es enseñarlo a pensar.

MODELOS DE JUEGO Y LA VARIEDAD

En un partido solemos observar la confrontación de dos sistemas de elementos, dos equipos con sus respectivos jugadores, en el cuál uno se intenta imponer al otro con sus herramientas o elementos disponibles.

El juego deportivo colectivo del fútbol tiene la característica de que es de naturaleza compleja y abierta. Las acciones tácticas, que las llamaría físico-técnico-tácticas (ya que un jugador de fútbol toma decisiones condicionado o influenciado por los parámetros físicos, técnicos y psicológicos y situacionales), son del todo determinantes en el juego. El modelo de juego trata de conceptualizar el juego por medio de reglas de gestión y organización del juego, reglas de acciones conjunto a las capacidades motoras del jugador. Además, dicho modelo de juego teniendo en cuenta la lógica interna del juego en fútbol, puede crear una lógica interna propia en base a la configuración del juego dada.

Figura 1

 

Con dicha presentación podemos observar como hay equipos en el más alto nivel que siguen un patrón de juego. Ese patrón responde una línea conductual clara. Por otro lado, podemos observar equipos que modifican dicho patrón según qué partido, circunstancias o situaciones. Lo que queda meridianamente claro conforme observamos el juego, que la variedad es un principio del juego que responde a una característica básica de este deporte, la incertidumbre.

El modelo de juego que busca, un concepto homogéneo para todos los partidos, muta en pequeñas singularidades o incorpora versiones en su concepto, reglas de gestión y organización para finalizar con acciones que sorprendan o respondan a las que plantea el rival con el objeto de imponerse. Este modelo tiene sus ventajas, el código empleado (comunicación) es el mismo y de ahí el producto se desarrolla y optimiza como si de un software se tratase mientras que por otro lado los rivales pueden conocer el proceso de funcionamiento para poder anticipar soluciones con el fin de superarlos. Por otro lado, tenemos ejemplos en nuestra liga de variedad en el modelo de juego a plantear usando las acciones tácticas en función de un plan (estrategia) que evoluciona a lo largo del juego. Existen casos en la liga española, de equipos que son capaces de realizar una presión asfixiante y luego plantear un repliegue intensivo o viceversa.

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No obstante, una vez planteado esto. La pregunta es la siguiente, ¿cómo podemos conseguir que un equipo pueda responder a tal variedad sea estableciendo un modelo de juego con variantes o modelos de juegos variados?. La respuesta la tenemos en el entrenamiento y en la capacidad de determinar nuestro plan estratégico y que en éste el modelo que se plantee junto con la forma de aplicación sea comprendido por el jugador. Es decir, dotar al jugador de conocimiento, conceptos, aplicación y oportunidad para saber aplicar que acción. Existen equipos con modelos de juegos muy afianzados que al sentarnos en la grada sabemos que vamos a ver con una gran capacidad de crear incertidumbres en las ABP en contra con fin de contrarrestar el peligro rival y existen equipos que sus elementos marcan dos modelos distintos, uno de posesión y presión y otro de repliegue y juego directo/contraataque.

Figura 2

Cada entrenador debe plantear lo que quiere proponer para con sus jugadores y con sus jugadores, conociendo que los equipos son sistemas vivos, son productos de un enfrentamiento de dos sistemas sociales y que en la siguiente secuencia ocurrirán ajustes con ánimo de superarte.

 

La importancia de saber a qué jugamos

¿Quién decide a qué se juega? Cuando comienza el partido, dos equipos con un mismo objetivo, luchan por la conquista de un balón que deben introducir en la portería contraria para obtener la victoria. El gol y tener el balón son las máximas aspiraciones por las que un equipo salta al terreno de juego. Bien es cierto que, por cuestiones relativas a cada competición, a veces las metas de la lógica interna del juego difieren de los objetivos comportamentales de uno de los equipos. Bien porque el resultado de la ida en una eliminatoria a doble partido les permite clasificar sin tener que  vencer al rival al que se enfrentan o tal vez porque la situación en la tabla y los objetivos de la temporada permiten que evitar la derrota sea ya un triunfo en sí.

La evolución de este deporte nos ha llevado a experimentar enormes cambios en cuanto a la manera de jugar y la forma de distribuir a los jugadores en el campo. Hace décadas la preocupación principal parecía residir en quién anotaba más goles. Como dice Morris (1981) “En el pasado los equipos estaban más preocupados por la gloria de la victoria que por el desdén de la derrota, de ahí a que se sufriesen bastantes goles pero se marcasen más.” El reglamento, las concepciones técnico-tácticas y las evoluciones que ha ido sufriendo el juego nos ha llevado, en multitud de casos, a preocuparnos más de que nuestro equipo no encaje gol que a intentar marcar gol, contraviniendo así el principio de la lógica que este juego lleva intrínseca. Sería interesante detenernos a pensar en cómo cambiarían las competiciones si el empate entre dos equipos no fuera posible, si siempre hubiera que determinar a un ganador. Estoy seguro que la manera de jugar y las estrategias operativas de muchos equipos darían un giro radical.

Muchas formas y mismos objetivos. Cada equipo, por más que nos empeñemos todos, tiene una forma diferente de jugar. De la que decimos que está determinada por una combinación del entender el juego por parte del entrenador más la suma de las interacciones de los jugadores y las sinergias que producen. En desacuerdo con la primera y en la misma línea de pensamiento que la segunda. El entrenador puede transmitir su punto de vista de cómo deberían ocurrir las cosas, pero por suerte o desgracia no está dentro del terreno de juego cuando la pelota comienza a rodar y es ahí, donde se pone de manifiesto el propio juego. El míster puede generar estados de ánimos, educar de alguna manera una actitud premiando determinadas conductas y castigando otras, pero bajo mi punto de vista no puede conseguir que un equipo juegue de una determinada manera si los jugadores que dispone no lo hacen ya de forma natural.  Explico esto último, es una obviedad decir que cada jugador es diferente a otro. Que las capacidades y características de un jugador con una complexión idéntica a otro ofrece diferentes soluciones, mejores o peores,  dentro de un mismo contexto. La interacción de estos jugadores determinará qué son y qué pueden ofrecer, con sus virtudes y defectos.  “Mi equipo ideal es aquel en el que, en cualquier momento y en cualquier situación, todos los jugadores piensan de la misma manera.” José Mourinho.

¿Cómo conseguimos que nuestros jugadores sean capaces de pensar de manera similar ante una misma situación dada? Gracias al entrenamiento. No un entrenamiento descontextualizado de la naturaleza del propio juego y de la que los van a jugar, es decir nuestro equipo. Para tener claro a que tenemos o podemos jugar tenemos que conocer a nuestros jugadores. No es lo mismo jugar con jugadores que crecen a través del espacio, de la velocidad, de la chispa y del timming, que jugar con jugadores que necesitan de la asociación, de la creación de superioridades numéricas y posicionales, del entrar continuamente en juego. Existe un gran debate en cuanto a qué comportamientos del jugador son aprendidos y cuales son naturales. En mi opinión la única manera de comprobarlo es darles libertad, que vuelvan a ser quienes irremediablemente son y ahí, cuando comiencen a manifestar conductas naturales, sinergias con los compañeros de equipo y comportamientos que van a ser válidos al grupo (el fútbol es un deporte COLECTIVO) es cuando tiene que intervenir el entrenador, para que el propio futbolista sepa, que lo que él es capaz de hacer de manera natural ayuda al equipo y que se le exigirá, una y otra vez, que manifieste ese tipo de conductas en beneficio mutuo con los compañeros (ellos se aprovechan de lo que él genera y viceversa).  Con esto no quiero decir que el futbolista no mejore si no entrena de acuerdo a sus características. Me refiero a que el futbolista mejora, siente mejor y por lo tanto será más fácil llegar a él, si se le exige lo que él puede hacer y no comportamientos desnaturalizados en búsqueda de un beneficio grupal que a la larga, puede tener efectos totalmente contrarios.